


Mis dos pintoras preferidas desde hace mucho tiempo son la cubana Ana Mendieta de la que un día escribiré y la mexicana Frida Kahlo (1907-1954) de la cual quiero comentarles.
Frida fue siempre un laberinto de pasión, sufrimiento y entrega. Pasión, por su pintura, por Diego Rivera, por los olores y colores de su país. Sufrimiento, por aquel fatídico accidente que la condenó a pasar por los caminos más tortuosos que podemos imaginar, por los innumerables obstáculos que le puso la vida por delante. Entrega, porque dedicó todos sus esfuerzos en sacar sus lienzos adelante y en tan breve tiempo fue capaz de dejarnos uno de los legados más brillantes y geniales.
Pocas veces ha existido una comunión tan grande entre obra y artista. Pocas veces el resultado fue desgraciadamente tan autobiográfico y subrayó la necesidad del arte como lenguaje. Y aún rodeado de tantos argumentos que ya le hubieran dado un enorme valor, Frida nos regaló piezas de una belleza y profundidad extraordinaria, que enriqueció al arte y dignificó al artista. Aún así, fue capaz de sacar a la luz pinturas de una demoledora carga semántica y una riqueza pictórica inigualable.
Los autorretratos de Frida Kahlo visualmente oscuros, dolorosos y desesperanzadores están paradógicamente vinculados a la resistencia. Parecen decirnos que nada nos aleja del sufrimiento, que nada nos ata a la vida. Su vida es la vida, la de los tropiezos de cualquiera de nosotros, contada con el alma y con los pinceles... desde su cama.
Imágenes:
01- Frida Kahlo. "La columna rota", 1944. Museo Dolores Olmedo Patino. © Banco de México e INBAL México
02- Frida Kahlo. "Las dos Fridas", 1939. Colección Museo de Arte Moderno, México, D.F.1939
03- Frida Kahlo. "Autoretrato con mono". 1938. Colección Albright-Knox Art Gallery. New York.
Enlaces relacionados:
www.fkahlo.com
Frida Kahlo en Wikipedia >>
www.museofridakahlo.org
www.fridakahlo.com






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